Cuenta una leyenda que si sales a la
ventana cuando anochece y miras al cielo, la primera estrella que veas brillar
te concederá un deseo.
Algunos pensarán que es una ilusión,
pues bien, yo os digo que los deseos se cumplen. Os contaré una historia que lo
demuestra.
Una fría noche de Enero, Camila una
niña de 5 años no podía dormir. Pelusa, su hámster blanco se había puesto
malito.
En la clínica no les habían dado
ninguna esperanza de recuperación ya que, había contraído una enfermedad de
nombre impronunciable para la pequeña Camila.
Por lo visto, unos bichitos tan pequeños como
una mota de polvo se habían alojado en el intestino del pobre animalito, provocándole
terribles dolores de tripa, haciéndole vomitar todo lo que comía.
Ya ni siquiera probaba esos cachitos de
galleta de chocolate que le gustaban tanto que, cuando se los daba a escondidas
su dueña, se ponía tan contento que, emitía unos sonidos muy graciosos y
estridentes mientras se relamía los bigotes.
Las palabras pronunciadas por el veterinario
esa tarde golpeaban la cabeza de Camila como un martillo en un yunque.
–No hay mucho que hacer, está muy
débil. Darle solo agua para que no se deshidrate y esperemos que expulse los parásitos por sí
solo.
Harta
de dar vueltas en la cama, se levantó y asomó a su ventana. El frío se coló en la habitación e hizo que se le pusiera roja la nariz pero, la
pequeña no se acobardó por ello.
No había ni una nube en el horizonte y
la noche le regaló su más bello tapiz de estrellas.
Camila estaba ensimismada mirando esa
preciosidad cuando de pronto la vio, tenía un halo de luz a su alrededor que le
hacía brillar más que a ninguna otra, parecía mirarla desde arriba y entonces
recordó algo que había leído en un cuento de hadas
–Las estrellas pueden conceder deseos.
Si lo haces de corazón, todo lo que le pidas estará a tu alcance.
Al instante, Camila pidió su deseo.
Con la fuerza y la ingenuidad que solo un niño
a su edad puede poseer, deseó que Pelusa sanara pronto y así poder jugar otra
vez con él.
Con la ilusión dibujada en su cara,
Camila volvió a la cama y refugiándose en el calor de la mantas se quedó
dormida, convencida que su deseo se haría realidad.
A la mañana siguiente a diferencia de
todos los días, su madre no tuvo que llamarla ni una sola vez para que se
levantara ya que, en cuanto abrió los ojos se puso en pie de un brinco sin
hacerse la remolona ni siquiera un ratito. Estaba impaciente por comprobar si
su deseo se había cumplido.
Al llegar a la jaula de Pelusa casi no
se lo podía creer. Lo encontró pletórico, corriendo en su rueda giratoria como
si nada le hubiera pasado.
Sin demora fue a buscar a su madre para
contárselo
–Mamá, mamá, Pelusa está curado. La
estrella lo ha curado, lo ha curado.
La madre aún medio dormida, casi no la
entendía. Pero su hija la cogió de la mano y la llevó a la jaula del ratoncito
para que lo comprobara con sus propios ojos.
Al
verlo, su madre sin darle la mayor importancia comentó
–Vaya, parece que ya se ha puesto bueno
este bichito. Al final, resultó que solo
tenía un empacho.
–No mamá, ha sido la estrella. Anoche
le pedí un deseo y me lo concedió, Pelusa vuelve a ser el mismo.
La madre con la condescendencia
habitual en los mayores, acarició la cabeza de su hija y le dio un beso en la
mejilla, felicitándole por el feliz desenlace de los acontecimientos para la
mascota.
–Me voy a vestir, tengo que contárselo
a todos mis amigos. La estrella ha cumplido mi deseo y ha curado a Pelusa –
exclamaba exultante mientras corría por el pasillo hacia su habitación.
Entretanto,
su madre la seguía con la mirada, deseando que el tiempo se detuviera y Camila no perdiera nunca esa inocencia
infantil.
Muy bonito ;-)
ResponderEliminarSigue así.
Besos.
Muchas gracias. Me alegro que te haya gustado. Esto me anima a seguir.
EliminarYo le pido el deseo a la estrella, y por mucho que se lo pida, cuando ve mi DNI me lo niega. ¡Maldita sea la edad que sólo nos deja ser niños a traves de la literatura! ¡Bendita literatura que nos deja soñar libremente! ¡Malditos gigantes que giran sus aspas sin parar!
ResponderEliminar–Mi señor, no son gigantes, son blogs literarios.
–Pues eso, Pancho, gigantes.
–Mire usted, será mejor que nos refugiemos en este casar, que al final va a terminar viendo Conchas en el cielo.
Es un gustazo visitar tu casar, Conchi.
Dabid.
Gracias David por visitar mi casar. Es un gustazo verte aquí y leer tus palabras.
EliminarMe ha encantado tu cuento, ¡qué importante tener ilusión!, que tu estrella te siga concediendo los deseos que le pidas y tú nos los cuentes en éste blog tuyo, tan especial
ResponderEliminarMARI-SOL
Gracias Marisol. Yo también deseo que se cumplan todos tus deseos y no pierdas la ilusión por conseguirlos.
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