Cuando Dana ingresó en el Servicio secreto del FBI nunca pensó que su vida llegaría a ser tan difícil. Al principio fue fácil, no tenía nada ni nadie que la atara, pero eso cambió hace seis meses cuando conoció a Harry. Fue amor a primera vista, fue un error, ahora lo sabe, pero en aquel momento no lo pensó, simplemente se dejó llevar. Ahora qué iba a decirle cuando se marchara de repente, justo ahora que empezaba a disfrutar de una vida plena junto a la persona amada.
Pero el deber la llamaba, la orden era clara, “debía infiltrarse en el cárter de la droga más poderoso del país, para poder llegar a desenmascarar la cúpula y detenerlos a todos”. Para eso debía regresar a la central y someterse a las órdenes de sus superiores. Como tantas otras veces, debería cambiar de identidad. Era un juego peligroso, por eso no podía contarle la verdad a Harry, sería temerario por su parte y además pondría en peligro la vida de los dos.
La cabeza le daba vueltas, pero no encontraba otra salida. Debía marcharse, le dejaría una nota de despedida a Harry insistiendo en que no la buscara y desaparecería para siempre de su vida. Sería tan doloroso para él como para ella, pero eso era mejor que la muerte. Además, por propia experiencia sabía que el tiempo lo cura todo.
Sin demora subió a la habitación e hizo la maleta, recogió todas sus cosas del baño y se marchó sin mirar atrás, como siempre, como una sombra, pues eso era en el fondo, sólo una mancha, un recuerdo en la vida de otros. Alguien sin una vida propia.
La cabeza le daba vueltas, pero no encontraba otra salida. Debía marcharse, le dejaría una nota de despedida a Harry insistiendo en que no la buscara y desaparecería para siempre de su vida. Sería tan doloroso para él como para ella, pero eso era mejor que la muerte. Además, por propia experiencia sabía que el tiempo lo cura todo.
Sin demora subió a la habitación e hizo la maleta, recogió todas sus cosas del baño y se marchó sin mirar atrás, como siempre, como una sombra, pues eso era en el fondo, sólo una mancha, un recuerdo en la vida de otros. Alguien sin una vida propia.
Ante la encrucijada de elegir entre el amor y el deber, Dana elige el deber.
ResponderEliminarSin duda una injusta decisión, como tantas otras a las que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida. ¿Qué elegiríais vosotr@s?. Pensadlo un momento. A mí simplemente no me gustaría estar en su lugar.
Espero que os guste
Un beso a todos
Sigo en la encrucijada. El tema da para mucho más. Está bien pero creo que podías haber sacado mucho más jugo al asunto.
ResponderEliminarUn gustazo verte de nuevo por aquí. Es muy probable que Dana siga contando su historia. Atenta al blog porque puede que cualquier día se decida a hacerlo.
EliminarBesos
Eso es porque el tal Harry no vale la pena.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con Lidia. Sólo con imaginarme la escena de Dana haciendo las maletas, deprisa y corriendo, para que no la pille Harry, me doy cuenta de aquí hay mucho que contar, y de que tienes un buen relato entre las manos.
Por cierto, ¿la tal Dana no será la de Expediente X, que ha dejado a su marido para irse a cazar marcianos con el zumbao de Mulder?
Me gusta tu blog.
Un besote…
Dabid.
David, bienvenido a mi blog. No sabes la alegría que me ha dado verte suscrito por fín. Me gusta que te guste mi blog.
EliminarRespecto a Dana, no sufras, visto que os habéis quedado con ganas de más, te digo lo mismo que a Lidia, un día de éstos seguro que se decide a contar algo más sobre su historia. Atento al blog.
Un beso muy fuerte
Conchi