La apatía se adueñaba de su cuerpo y de su mente. Los días transcurrían con la misma cadencia y monotonía. La búsqueda de una idea que acabara con su rutina se convirtió en obsesión. Pasaba el tiempo, pero la inspiración no llegaba.
Una noche, la diversión aterrizó junto a sus pies. Su hijo jugaba con aviones de papel que él mismo le había enseñado a construir. Con cada avión que ponía en órbita, la risa de su retoño volaba a la misma velocidad que su imaginación.
Siete años atrás la vida le concedió su mayor deseo, no necesitaba buscar más.
Una noche, la diversión aterrizó junto a sus pies. Su hijo jugaba con aviones de papel que él mismo le había enseñado a construir. Con cada avión que ponía en órbita, la risa de su retoño volaba a la misma velocidad que su imaginación.
Siete años atrás la vida le concedió su mayor deseo, no necesitaba buscar más.
(Relato publicado en la 1ª semana de Febrero /17 de la web solidaria www.cincopalabras.com)
A veces todos nos parecemos un poco al protagonista de éste relato. Envueltos en la rutina y pesares diarios, no encontramos la felicidad. Pero si nos detuviésemos a mirar a nuestro alrededor y a los que nos rodean, enseguida nos daríamos cuenta que la tenemos al alcance de la mano. Pues la verdadera felicidad se encuentra en las pequeñas cosas y momentos de dicha que disfrutamos con nuestros seres queridos.
ResponderEliminarEspero que os guste
Besitos mil
A pesar de que parece que la tenemos cerca alcanzarla es difícil, a lo mejor no existe.
ResponderEliminarRufino
Yo creo que a veces nos perdemos buscándola, creemos que es inalcanzable, pero si miráramos bien, seguro la encontraríamos más cerca de lo que creemos. Basta con creer un poquito en ella y disfrutar de lo bueno que nos ofrece la vida.
EliminarAl menos es lo que espero yo, porque sino que triste