jueves, 1 de febrero de 2018

UNA HABITACIÓN A OSCURAS


Nada había vuelto a ser igual desde el fatídico día del accidente.
Ella no era ella. Bueno, en realidad sí era ella, al menos en el aspecto exterior. Cuando se miraba al espejo éste le devolvía un rostro conocido, pero cuando intentaba bucear en su interior, en sus recuerdos, nada, todo era vacío y sin sentido.
Como todos los martes, había salido de la consulta del Dr. Antón, el psicólogo que, con distintas terapias intentaba ayudarle a recordar. Al acabar la sesión, un martes más repitió su receta
 —No te preocupes Adela, físicamente no tienes ninguna secuela. En algún momento en un rincón de tu memoria aparecerá una luz y, eso hará que poco a poco se ilumine la habitación donde tu mente guarda tus recuerdos —
—Ya doctor pero ¿cuándo?, llevo mucho tiempo esperando que se encienda esa lucecita—
—Sal, pasea, mantén los cinco sentidos alerta; disfruta del sol, del paisaje, de la gente; escucha, huele, no pierdas detalle; cuando menos te lo esperes algo encenderá la chispa. Puede ser un olor o cualquier otra cosa insignificante, te lo garantizo —
Tras despedirse hasta el martes siguiente, salió de la consulta y como de costumbre se encaminó dirección a la parada del bus que la llevaría de vuelta a casa. Hacía un día espléndido de principios de primavera y el sol acariciaba su rostro de una forma tan agradable, que cambió de idea y decidió volver dando un paseo.
Todo su esfuerzo se centraba en seguir los consejos del doctor —Mantén los cinco sentidos alerta, algo accionará el interruptor —.
Sumida en sus pensamientos, no se había dado cuenta que sus pies prácticamente solos, la habían conducido hasta un mercadillo callejero.
Los puestos, colocados en hilera a los dos lados del parque, invitaban a pasear entre ellos. El bullicio de la gente era bastante animado, pero no molesto, todavía no era la hora punta en la que todo estaría tan abarrotado, que sería casi imposible caminar. Eso era bueno, porque facilitaba al paseante disfrutarlo en toda su plenitud.
El olor a romero, tomillo, azafrán y curry entre otros, del puesto de las especias te llamaba desde lejos y te empujaba a disfrutarlas desde cerca.
El puesto de libros usados era un paraíso para los amantes de la lectura. Allí se podía encontrar casi todo, por antiguo o descatalogado que estuviese.

Cuando Adela levantó el espejo que le había prestado la vendedora del puesto de bisutería, el retrovisor le devolvió su imagen con los bonitos pendientes que estaba a punto de comprar, y de regalo apareció detrás de ella, el puesto de mantas y alfombras situado justo en la acera contraria.
No sabía por qué, pero sintió el poderoso impulso de acercarse hasta él. Pagó los pendientes lo más rápido que pudo y cruzó el paseo hasta situarse frente a la vendedora de alfombras.
Era una señora mayor, aunque no una anciana del todo. Su rostro era amable al igual que su voz, que le invitaba a tocar su género para comprobar que todo estaba hecho a mano, con lana virgen y tejidos naturales.
Al tocar una de aquellas mantas, hechas con retales de varias telas, una sensación cálida recorrió su mano. Fue un flash de unos pocos segundos, pero su mente lo captó nítido como una fotografía “Unos niños jugando en el portalón de una casa, tumbados encima de una de esas mantas”.
Al darse cuenta de ello, Adela cerró los ojos y puso todos sus sentidos alerta, concentrados en ese momento, tal como había ensayado mil veces en la consulta del doctor.
Una serie de imágenes acudieron a su mente “Primero fueron los niños, luego la madre con gesto severo, regañándoles por no guardar silencio durante la siesta. Acto seguido, tras darse la vuelta la madre, los niños aparecen de nuevo, escabulléndose por una especie de gatera, para ir a jugar a la calle” — ¡Qué felices se les veía! — pensó Adela, con la emoción inundando su pecho.
—Señorita, llévese la manta, es muy suave y muy buena, la tengo a muy buen precio, anímese no se arrepentirá — la voz de la dueña del puesto animándola a comprar, interrumpió bruscamente sus pensamientos. Abrió los ojos y cruzó su mirada con la vieja.  Pagó la manta y se la llevó a casa.

Por primera vez en mucho tiempo, un rayo de esperanza se atisbaba en el horizonte. No podía definir muy bien esos sentimientos que le habían invadido apenas unos segundos; ni tampoco aún podía ubicar ese recuerdo en el tiempo, el lugar o las personas que aparecían en él, pero estaba segura que era el principio del fin de su calvario.
Esa chispa de la que hablaba su psicólogo, la que le ayudaría a iluminar su habitación hasta ahora a oscuras.

11 comentarios:

  1. Hola a todos y todas de nuevo. En esta ocasión he querido hacer hincapié en lo importante que es la memoria para todos nosotros. Nuestros recuerdos es el bien más preciado que tenemos como seres humanos. Desde que nacemos, desarrollamos nuestra personalidad y nuestra forma de afrontar la vida, gracias a nuestras vivencias y las personas que nos acompañan en ella. Si por algún motivo sea cual sea, perdemos la memoria, todos nuestros recuerdos se esfuman, que es casi como si se hubiera esfumado nuestra vida. No sabríamos quiénes somos, ni de dónde venimos, tampoco ubicaríamos ni los lugares ni las personas que nos rodean, estaríamos perdidos dentro de nuestra propia existencia, sin saber hacia donde seguir. Pienso que debe ser una de las circunstancias más angustiosas por las que puede pasar cualquier persona. No creéis?.
    Como siempre, espero que os guste mi relato y desfrutéis con su lectura.
    Me encantará recibir vuestros comentarios, contesto a todos.
    Besitos

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  2. Hemos acompañado a la protagonista en su paseo pensando como ayudarla, es muy curioso cuando la memoria se fracciona y se recuerdan cosas pero las lagunas son enormes, la angustia tampoco ayuda nada. Muy bien llevado el relato. Abrazos

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    1. Gracias por tu comentario Ester, me alegra que te haya gustado el relato. Llevas toda la razón, perder la memoria es una de las cosas más angustiosas que nos pueden pasar.
      Besitos mil

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  3. Un relato con un final esperanzador.

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    1. Gracias por leerme y por tu comentario, Tracy. Las esperanza es lo último que debemos perder, por eso me gusta que los protagonistas de mis relatos siempre vean, aunque sea un atisbo de luz.
      Besitos mil

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  4. Que buen relato Conchi :) Debe ser angustiante perder la memoria :(
    besitos ♥

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    1. Bajo mi punto de vista, creo que es como si nos robaran la esencia de lo que somos. Creo que debe ser una de las peores experiencias para cualquiera.
      Gracias por leerme y por comentar.
      Besitos mil

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  5. Hola! Gracias por leerme. Ya te sigo y me quedo cerca.

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    1. Hola Romina, bienvenida. Muchas gracias por visitarme, seguirme y comentar.
      Espero que te guste mi blog y disfrutes con mis relatos.
      Ahora estamos un poquito más cerca para leernos.
      Besitos

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  6. *Llorando*
    A medida que iba leyendo, el recuerdo de una vieja amistad vino a mí. Perder la memoria es como perderte a ti mismo, y es horrible tanto para esa persona, como para las que lo rodean... Que la persona que tanto quieres no te recuerde... simplemente es doloroso.
    Me encanta tu blog
    ¡¡Saludos!! :3

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    1. Gracias Danilo, siempre que escribo un relato lo hago pensando justo en eso, en que despierten algo en la persona que los lee. Que afloren los sentimientos y de alguna forma, sientan empatía o se sientan identificados con los protagonistas y sus vivencias.
      Lamento que te haya evocado recuerdos tan duros, pero cuando lo escribí lo hice pensando justo en eso que dices, en lo duro que debe ser despertar un día y no recordar nada de tu pasado, ni las personas que están a tu lado, ni siquiera reconocerte a ti mismo. Quise que fuera o de alguna forma se acercara lo máximo posible a la realidad, pero siempre con un horizonte feliz a la vista. Siempre que creo ambientes así procuro que sean lo más reales posible y que siempre haya esperanza en que todo acabe bien. En general cuando escribo, me gustan los finales felices, los tristes ya nos los proporciona la vida real.
      Besitos mil

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