domingo, 31 de agosto de 2014

LA SOSPECHA

      Nada más escuchar la llave cerrando la puerta de casa, Elena abre los ojos y deja de disimular. Se levanta de la cama y se acerca a la ventana, a través de los visillos observa cómo Alfredo arranca el coche y se marcha a trabajar, no quiere que su marido la sorprenda en un descuido. 
         Sin perder un minuto se pone manos a la obra.
        Como una vulgar ladrona revuelve los cajones de su habitación. Vacía la cómoda y la mesita de noche, es posible que haya escondido algo debajo de su ropa interior. Abre el armario y mira entre los jerséis, desesperada registra los bolsillos de sus chaquetas.
         Al no hallar nada, se traslada al despacho de Alfredo. Rebusca entre los papeles, no sabe todavía qué espera encontrar exactamente, pero lo que sí sabe es que quiere respuestas.
          Está inquieta desde ayer, cuando recibió una llamada de teléfono en su casa. Al descolgar y preguntar quién llamaba, una voz femenina muy amable, aunque un poco chillona, le habló desde el otro lado de la línea, diciendo llamar en nombre de la agencia de viajes, para confirmar que ya podían pasar a recoger dos billetes de avión a nombre del Doctor Alfredo Castillo con destino a Londres y fecha de salida el día 19 de Marzo.
          En ese instante se quedó tan atónita, que no se le ocurrió qué decir y se limitó a afirmar que hoy irían a recogerlos. Sin embargo, la duda siguió haciendo mella en su interior.
         –No debes preocuparte, Alfredo es neurocirujano y viaja muy a menudo por motivos de trabajo – intentaba convencerse Elena sin conseguir sosegarse.
          –Por otro lado, siempre que asiste a un simposio me avisa con al menos un mes de antelación y ésta vez sólo faltan ocho días para la fecha del viaje y aún no me ha comentado nada. Además son dos billetes – le decía un impertinente “Pepito grillo” que se había colado en su cabeza aumentando aún más sus sospechas.
          –Seguro que oculta algo, puede que tenga una aventura o peor aún una amante, sino no andaría con tanto secreto – se martirizaba Elena. 
           Su primer impulso fue preguntar a su marido cuando regresara a casa, sin embargo supuso que si de verdad la engañaba, él no le iba a decir nada a las primeras de cambio, en su lugar se inventaría una serie de excusas más o menos creíbles para que se quedara tranquila y no hiciera más preguntas. Así que decidió que lo mejor era investigar por su cuenta, sería la forma más segura de averiguar la verdad y tener pruebas que su marido no pudiera rebatir.
         Ha buscado por todos los rincones de la casa y sigue sin descubrir nada. De pronto una idea fantástica se agolpa en su cabeza.
          –Yo misma iré a recoger los billetes de avión. Me haré pasar por la secretaria de Alfredo así me será más fácil sonsacar a la dependiente y descubrir toda la verdad – piensa Elena resueltamente. 
          Para no ser reconocida se recoge el pelo castaño en un moño, tapándolo con una peluca rubia de pelo corto, a continuación se coloca unas lentillas azules que ocultan sus ojos color negro y se pone unas gafas sin graduación. Por último, para resguardarse del frío rescata una gabardina olvidada en el armario desde hacía muchos años, la cual sorprendentemente aún le entalla la cintura dándole al conjunto un toque muy chic.
             –Realmente guapa, incluso parezco cinco años más joven – se piropea Elena delante del espejo.
         Una vez en la calle, coge un taxi y se dirige a la agencia de viajes escondida tras su disfraz de detective.
            Al llegar a la puerta del establecimiento, le ruega al conductor que le espere, pues cree que la gestión que va a hacer no le llevará mucho tiempo. El taxista asiente encantado, mientras le paguen el final de la carrera, le da igual estar allí o en otro sitio.
          Con paso decidido, Elena se acerca a la señorita sentada en la mesa situada justo en frente de la puerta.
         –Buenos días soy la secretaria del doctor Castillo, vengo a recoger unos billetes de avión a su nombre – saluda Elena simulando con su voz un acento extranjero.
          La agente levanta la vista de su trabajo y clava su mirada en ella. Un escalofrío recorre su espalda, por un instante teme ser descubierta, pero para alivio de Elena no la ha reconocido y amablemente le dice que espere un segundo mientras busca los pasajes.
           La chica vuelve enseguida con un sobre en la mano –Aquí están los billetes y las reservas en el hotel “The Ritz London”. El mismo donde se celebrará el banquete nupcial de su amigo, tal y como me pidió el doctor – comenta la eficiente señorita. –Es un lugar encantador donde estoy segura que el doctor y su esposa pasarán un agradable fin de semana – añade de forma desenfadada.
           La mente de Elena procesa la información sin parar.
           –Es cierto, la boda. Hace dos meses que nos llegó la invitación – recuerda en ese instante. –No puedo creer que estos celos estúpidos me hayan hecho perder la razón y olvidarme de Miguel, el amigo íntimo de Alfredo, que lleva cinco años viviendo en Londres – piensa totalmente avergonzada. 
          Asintiendo con la cabeza y una fingida sonrisa a todo lo que le dice la amable empleada, coge la documentación y sin demora sale a la calle.
          Dentro del taxi como si aún estuviera sedienta de indicios que la excusen de su comportamiento, con manos temblorosas vacía el interior del sobre, comprobando con alivio que todo está a nombre de los dos. En ese momento, una sonora carcajada provocada por la alegría de su descubrimiento resuena en el habitáculo.
          – ¿Se encuentra usted bien? – pregunta el taxista un poco asustado.
          –Sí, sí, no se preocupe, lléveme a mi casa – contesta Elena en medio de un mar de lágrimas en el que había desembocado la risa por lo ridícula que se sentía.
          En la intimidad de su dormitorio, consciente de la vergonzosa aventura que acababa de protagonizar, reflexiona.
          –Jamás le contaré nada de esto a Alfredo, no podría volver a mirarle a la cara y menos aún aguantar sus bromas sobre el tema –de eso estaba segura. –No volveré a jugar a detectives ni me dejaré influenciar por esas novelas policíacas que tanto me gustan – se prometía haciendo propósito de enmienda. –A partir de mañana me apuntaré a yoga, un hobby mucho más sano que aportará bienestar a mi mente y paz a mi espíritu – decidió Elena con ánimos renovados mientras se quitaba el disfraz.

5 comentarios:

  1. Hola a todos de nuevo, despues del parón veraniego que espero hayáis disfrutado al máximo, os traigo otro nuevo relato que deseo disfrutéis y os ayude a suavizar un poco la vuelta a la rutina.
    Como reza un refrán, "los celos son malos consejeros" y sino que se lo pregunten a la protagonista de esta historia.
    Besitos para todos y gracias por leerme.

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  2. Buenaas :). Otro fantástico relato, como siempre. Sigue así y acabarás escribiendo todo un libro. Un beso :).

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  3. Hola tesoro , ya termino lo bueno eh? Me encanto este relato, ojala escribas más y prontito ;-)

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    1. Gracias por tus palabras y me alegro que te hay gustado tanto.
      Perdona que no te haya contestado antes pero ultimamente he estado super liada.
      Besitos

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