miércoles, 8 de octubre de 2014

EL PRIMER AMOR

         Primer día de Octubre, el verano definitivamente se ha acabado, hoy comienza el nuevo curso en el instituto.
         Ana, una chica de 16 años, con la cabeza llena de ilusiones y sueños por cumplir, aparentemente un poco tímida, pero muy presumida y resuelta cuando se propone algo, está en su habitación. Parece que la hubieran clavado delante del armario, en su cara se dibuja esa expresión entre duda y fastidio, típica en las adolescentes cuando tienen que tomar una decisión vital para ellas.
         A simple vista parece tranquila, pero esa ceja derecha subida, gesto heredado de su padre y que según cuenta su madre con  entusiasmo desmedido fue la forma de saludarla el día que nació, la delata. Está nerviosa, siente que su estómago se mueve como si estuviera dentro de una montaña rusa, seguramente está eligiendo la ropa  que se va a poner.
         Hoy es un día muy importante, significa el reencuentro con los amigos del curso pasado y quién sabe, a lo mejor habrá chicos nuevos a los que conocer.  Además,  pasa a bachillerato, sin duda esa es una etapa nueva en su  vida, deja de estar en el grupo de los  más pequeños para pasar al de los mayores y no quiere que la vean todavía como si fuera una niña, sino como una de las chicas más guapas del instituto.
         Después de pasar un buen rato probándose ropa. Dejando el armario como si hubiera pasado un ciclón por él y la habitación hecha “una leonera” como diría su madre, por fin se decide.
          Se pondrá ese pantalón vaquero pitillo que le sienta tan bien y esa camiseta un poco escotada que no enseña nada, pero sin embargo invita a soñar. La cual  no le gusta a su padre, pero ya se sabe, él sigue pensando que todavía es la niña pequeña que le esperaba despierta todas las noches para que le leyera un cuento antes de dormir, aunque la verdad es que ahora es ella la que quiere vivir esos cuentos y no desea que nadie se los cuente.
         Ataviada con su mejores galas y una expresión en la cara que denota cierta ilusión pero bastante inseguridad, sale a la calle, no sin antes echar una ojeada al cielo pensando .– menos mal que no llueve, sino la media hora larga que he pasado delante del espejo  planchándome el pelo, no me hubiesen servido de nada –.

         Al llegar al insti ve a Julia, su mejor amiga desde la infancia, lo saben todo la una de la otra, sus temores, sus ilusiones, sus secretos…, viene corriendo hacia ella, con una gran sonrisa esculpida en su cara, al llegar a su altura con gran exaltación le dice. – Ana tía, he mirado las listas de las clases y nos ha vuelto a tocar juntas, qué guay  ¿verdad? –
         Ana, le devuelve la sonrisa, arquea la ceja y con el mismo entusiasmo, le contesta. – ¡No me lo puedo creer, que suerte, esto hay que celebrarlo  ¡–.
         Se abrazan y se ponen a dar saltos de alegría como si estuvieran celebrando la victoria de su equipo de fútbol favorito.
         Sin que se dieran cuenta, alguien se les acerca y les pregunta. – ¿qué se celebra? – ellas, sobresaltadas, se dan la vuelta, es su amigo Víctor un compañero de clase con el que se llevan muy bien, un chico alto, moreno con ojos azules, muy extrovertido y simpático, y que, aunque él todavía no lo sabe,  tiene a todas las chicas locas por él, lo cual le hace todavía más deseable, aunque por esa misma razón, algo probablemente inalcanzable.
         Le dan la buena noticia, pero se dan cuenta que no viene solo, le acompaña una chica que ellas no conocen, es también morena, con ojos azules como él y muy guapa, aunque parece algo más pequeña que ellas.
         Con la curiosidad que delata esa ceja inquieta y tal vez  un poco de miedo en la voz,  Ana le pregunta. – ¿No nos vas a presentar a tu amiga? –Sí claro, ésta es Elena, mi hermana, es nueva en el insti, hemos venido juntos por ser el primer día – contesta Víctor con aire distraído.
         Ana y Julia cruzan una mirada cómplice y suspiran aliviadas. Le dan la bienvenida al grupo y se ponen en marcha para entrar en las clases.

          Con disimulo, para que no se enteren los demás,  Julia se acerca al oído de su amiga y en voz baja le dice. – Bueno, después de todo, parece que no está todo perdido –
          Ana mira de soslayo a su primer amor, por un momento se cruzan sus miradas, parecen distintas en los dos, siente que se le acelera el corazón y en su estómago empiezan a volar una bandada de mariposas. Con la ilusión adolescente en la mirada, se  vuelve hacia su amiga, alza la ceja y con gesto decidido le dice. – Creo que tienes razón, todavía puedo conseguirlo –

          Con paso firme y una pícara sonrisa dibujada en la cara, se dirige hacia la entrada dispuesta a lograr lo que más desea,  hacer que ese curso sea inolvidable.

3 comentarios:

  1. Estrenar un nuevo curso es casi como estrenar un nuevo año, todo puede pasar, muchos son los retos que nos proponemos, unos se cumplirán y otros no, pero lo que nunca hay que perder es la ilusión que nos lleva a cambiar las cosas y conseguir lo que nos proponemos. Así nos lo muestra nuestra adolescente protagonista.
    Besitos a todos

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  2. Hola Conchi. Tienes el arte de despertar recuerdos y ponernos muy bien en situación . Me encanta que compartas tus relatos. UN BE
    SO GUAPA
    MARI.SOL

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    1. A mí me encanta que te gusten y disfrutes con ellos. Gracias por tu apoyo incondicional.
      Un fuerte abrazo.
      Conchi

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