Sentada en el sofá frente a un estuche
portador de ilusiones inconfesables. Gloria de cuarenta y pico y un poquito
entrada en carnes se dispone a saborear el momento más ansiado de su insípido
día.
Otra dura jornada más desde que se
sometió a los designios de una estricta dieta hipocalórica en la que, sólo se
le permite comer alcachofas, pescado hervido y de vez en cuando un poquito de
carne a la plancha. Eso sí, todo ello aderezado con grandes dosis de fuerza de
voluntad y un poquito de buen humor que le ayude a descargarse esos indeseables
kilitos que tan pasados de moda parecen estar.
Con
las manos temblorosas y los ojos tan chispeantes como los de un niño
ante su regalo de cumpleaños, abre la
caja que oculta su secreto y coge un único obsequio.
Desenvuelve el crujiente papel rojo transparente que sirve de abrigo a
otro de color dorado, el cual, a los ojos de Gloria, emite brillos anunciadores
de placeres prohibidos.
Al coger entre sus manos esa bolita de
chocolate un poquito más grande que la avellana que contiene dentro, su olfato
percibe el delicioso aroma del cacao, preludio del gozo que siente al hincarle
el diente y sentir cómo el chocolate se derrite en el calor de su boca. El crujido del bombón masticado es música celestial
para sus oídos.
En ese instante, cierra los ojos y deja que
todo su ser se deleite con ese pequeño orgasmo para los sentidos que, por un
breve espacio de tiempo y con ayuda de sus papilas gustativas, le traslada a un
mundo de sabores vedados para ella, empero precisamente por ello más anhelados
que nunca.
Prisionera de su dieta, ésta es la
única trasgresión que ejecuta pues sabe que, al asomarse cada noche por esa
ventana está pisando terreno pantanoso y un solo tropiezo le haría caer en el
universo de la gula, dando al traste con todo su esfuerzo.
Por eso, una vez disfrutado el momento
devuelve la caja a su escondite y, haciendo acopio de una férrea determinación,
se dispone a esperar el final del día siguiente para reencontrarse con su
pequeño premio, el cual, le hace más llevadero el sacrificio realizado para
estar dentro de los cánones de belleza
establecidos.